lunes, 28 de noviembre de 2011

Un Paraíso

El mar sigue sonando, las olas se estrella contra las rocas que el tiempo se ocupo en ubicar allí, provocando ese suave sonido que nos puede arrullar, enviarnos en brazos de Morfeo durante horas y horas. Tranquilidad.
Aun con mis ojos cerrados, te siento venir, no es el sonido de tu risa que se armoniza con el sonido de las olas, no es el que sienta que me miras con esos grandes y preciosos ojos, no, es tu aroma, esa suave esencia que siempre te acompaña y te distingue de entre los demás mortales. Lentamente abrí mis ojos y allí estabas, mirándome, sonriendo, dejando que el sol bañara con su luz y su calor tu hermosa piel. Te acercaste a mí, tus suaves manos empezaron a tocar mi pecho, y con tus dulces labios me diste el más exquisito beso que nunca antes había recibido. Te volví a mirar, de nuevo con esos ojos me mirabas fijamente y quise por un momento no estar allí, en esa playa, ni con el sol encima de nosotros no nada de eso. Podría haber estado en el rincón más oscuro del mundo, rodeado de la más blanca y fría nieve, o en cualquier ciudad, bajo la inminente lluvia. Podría ser aquí o en cualquier lugar del universo, pero desde que tú estés a mi lado, siempre será un paraíso.

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