domingo, 27 de noviembre de 2011

Historias Entre Sol y Luna: Corazón de Monstruo

El yacía allí sentado, podía ver como el cigarrillo barato que tenía entre sus dedos se consumía, entre el papel, el tabaco y la nicotina, también se colaban pequeñas manchas de sangre que también se colaban en la mezcla, tan solo para terminar hechas cenizas al caer. El se sentía repugnante, era un monstruo, nunca pensó en haberle hecho tanto daño a ella, pensó que tal vez dentro de sí, había algo de bondad, algo que se pudiera salvar, pero al parecer no era verdad, lo que acababa de hacer lo demostraba. Encima de la mesa estaba el cuchillo, cuchillo lleno del brillante líquido vital, ya se tornaba pegajoso y comenzaba a apestar, al igual que su camisa, también manchada con la sangre. Además lo perturbaba el hecho de que aun sobre el mesón, estaba eso que había removido, cubierto con lo único que encontró, un periódico viejo, pero aun vivo, aun latía y eso le enloquecía. A parte que el aun podía verla, estaba allí sobre el sofá, recostada y cubierta con esa vieja manta con la que ambos solían cubrirse en las noches congeladas de la gran ciudad. El seguía repitiéndose en su cabeza "lo hice por ti, porque te amo", quería convencerse de que con eso ella no sufriría mas, o tal vez lo hizo en realidad por ella, puede ser porque quería evitarle más golpizas, por parte de él, o seguir rompiendo su pobre corazón con cualquier mujer con la que el podría haberle traicionado, pero era el amor que ella sentía por él lo único que la hacía seguir adelante. Que estupidez. No se ama para sufrir, se ama para vivir y se dio cuenta de que no le estaba dando vida a ella, que la estaba marchitando poco a poco, como una margarita que se marchita por el frio invernal. 

El sabía bien lo que le había hecho, podía amarla pero le había hecho mucho daño, día con día el sentía crecer en su interior aquel monstruo al cual siempre le tuvo miedo, hasta que esa noche salió a flor de piel, vio lo que podía hacer, y en especial en lo que podría perjudicarla a ella, fue tal el golpe que hasta el mismo lo sintió, la vio caer, inconsciente, como si no tuviera vida, en ese momento vio frente a sus ojos su peor miedo, la vio sufrir. No aguanto más. La recostó en el viejo sofá, le tapo cuidadosamente con la manta, el único regalo que probablemente el le había dado. Fue a la cocina y tomo el cuchillo, el grande, con el cual fileteaba la carne recién comprada. Se habría su camisa favorita dejando al descubierto su pecho, tomo el cuchillo, y mientras pensaba en todos los malos momentos que él le hizo vivir a ella, fue desgarrando pedazo por pedazo, hasta que termino por sacar ese musculo vital de dentro de su ser.

Ya habían pasado más de doce minutos, ya llevaba tres cigarrillos, y aun no caía, definitivamente era un monstruo, no tenía corazón y seguía respirando. No sabía la respuesta. Pero al mirarla a ella, lo supo, ese corazón ya no era suyo, ella era su vida, debía dejarla ir, debía desligarse de su amada, dejar ir el dolor que le hizo sentir, todo hacia el olvido. Se levanto por última vez, corrió un poco la manta hasta que pudo ver su frente, pensó por un momento mientras una lagrima se asomo por su ojo, era la primera que derramaba desde que estaba con ella. Le dio un largo beso en la frente y seguido de un te amo, le volvió a tapar. Se comenzó a sentir débil y lo entendió, el amor si es mágico, porque el amor que el tenia por ella no le dejaba morir, pero si él en verdad quería su felicidad, no podía seguir haciéndole daño, si la amaba el debía irse para siempre y llevarse su monstruo consigo, se sacrifico por su felicidad, sabía que no iba a ser inmediata pero por lo menos iba a ser la última vez que ella sufriría por su culpa. Se sentó en el suelo y recargando su espalda contra la pared, vio como el sol salía por la ventana, su último amanecer, pero el primero en el renacer de ella. El por fin descubrió que la fuerza más grande, es el amor. 

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